Horacio Rosatti propuso un nuevo abordaje “emocional” en la interpretación de las leyes

El presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, recibió un reconocimiento de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) y, frente a una audiencia repleta de magistrados, planteó la necesidad de explorar un nuevo abordaje en la práctica jurídica incorporando a las emociones como elemento complementario.
“Debemos valorar y revalorar el factor emocional y el impacto de las nuevas disciplinas en el acceso al conocimiento y entender que la norma no es sólo texto”, sostuvo sobre el final de su intervención. “Es también pasión, emoción y sentimientos”, agregó.
Lo hizo en un extenso discurso que brindó en la sede del rectorado de la UCES, en ocasión del homenaje que le rindió la entidad al entregarle el “Premio Justicia 2024″, un reconocimiento que la casa de estudios entregó por vigesimaséptima vez.
Rosatti ingresó a las 19.30 al salón principal del rectorado, donde ya lo aguardaban, además de su familia, el también cortesano y convencional constituyente Juan Carlos Maqueda; integrantes de la Cámara de Casación Federal y de la Cámara de Apelaciones porteña; jueces federales y nacionales.
Rosatti, que la semana pasada fue reelegido como presidente de la Corte, sostuvo que las bases del constitucionalismo hunden sus raíces en los documentos que siguieron a las revoluciones francesa y norteamericana, que estuvieron signados por la hegemonía de la “razón” como instrumento predilecto y la ilusión de un progreso indefinido.
“El horror del holocausto en la Segunda Guerra Mundial nos enseña que no necesariamente vamos de peor a mejor”, interpuso, promediando su discurso.
Con un discurso de fuerte tinte filosófico y académico, el juez desplegó un recorrido que se inició con algunos referentes de la modernidad, como Descartes y los contractualistas, y concluyó con referencias a pensadores contemporáneos como Thomas Nagel y Jon Eslter, quienes, junto con otros autores “comienzan a ver desde distintos ángulos los límites de la racionalidad extrema”, dijo el juez. No hizo referencias al juicio por jurados que comienza a aplicarse desde hoy en Santa Fe, de donde es oriundo.
“No se trata de ninguna manera de cuestionar la racionalidad como forma de acceder al conocimiento, de lo que se trata es de ver qué posibilidades tienen otras modalidades para acceder a un conocimiento más cabal”, matizó.
“Vengo trabajando justamente en intentar cruzar a la Constitución argentina como modelo del constitucionalismo clásico y luego, con las sucesivas reformas, un constitucionalismo más actual”, compartió el magistrado.
Destacó al norteamericano John Rawls como el autor que “ha recorrido ese camino con mayor profundidad y capacidad. Incorporando factores de emocionalidad a ese mecano, a ese constructo, a ese artefacto que es la Constitución”
“En todo proceso revolucionario, la pasión, las emociones, los sentimientos, los desbordes, terminan consolidándose, porque no se puede vivir en un proceso de revolución permanente, y terminan consolidándose en un texto. Y ese texto, después, comienza a tener vida propia, ese texto es un texto frío, que después se lo interpretamos. Pero a medida que van pasando las generaciones, los intérpretes van cada vez más lejos del fenómeno histórico”. Más adelante, añadió: “A medida que se van interpretando estas palabras, van perdiendo un sentido unívoco y con la misma palabra podemos estar queriendo referir a cosas distintas, y en el extremo, opuestas”.
El cortesano aclaró que no estaba diciendo que un juez deba volcar “su subjetividad a una decisión judicial”, y comparó su rol al de una figura a medio camino entre el “ventrílocuo” y el “libre pensador”.
“Debe reprimir su subjetividad al momento de decidir. Pero lo que tiene que tener presente es que las normas que aplica, en particular la Constitución, fundamentalmente la Constitución, sí tiene una emocionalidad”, alegó
El magistrado hizo foco en tres emociones que, según sostuvo, las catástrofes, ya sean naturales, económicas o sociales, suelen poner de relieve: el altruismo, el egoísmo y la envidia.
“Lo importante es ver de qué forma una ingeniería constitucional puede neutralizar lo negativo de los sentimientos negativos, ayudar al que necesite ser ayudado y potenciar las actitudes que favorecen el interés del prójimo”, destacó, y, a 30 años de su creación, trajo a la Constitución de 1994 como un ejemplo de convergencia. “Tal vez haya sido el último acto de política grande en la Argentina”, consideró.
En otro tramo del discurso, Rosatti dejó un mensaje para intentar reducir la judicialización de los conflictos. “Creo que también hay que poner el foco en las organizaciones no gubernamentales, en la sociedad, en nosotros mismos, para ver de qué forma podemos lograr, no sé si reducir la conflictividad, pero por lo menos encontrar las vías de solución que no sean la de ir a la Justicia. Porque ir al tribunal significa, en primer lugar, un fracaso de métodos conciliatorios previos. Y en segundo lugar, transferir la responsabilidad de que me resuelva el problema a otro”, afirmó.
El presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, recibió un reconocimiento de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) y, frente a una audiencia repleta de magistrados, planteó la necesidad de explorar un nuevo abordaje en la práctica jurídica incorporando a las emociones como elemento complementario.
“Debemos valorar y revalorar el factor emocional y el impacto de las nuevas disciplinas en el acceso al conocimiento y entender que la norma no es sólo texto”, sostuvo sobre el final de su intervención. “Es también pasión, emoción y sentimientos”, agregó.
Lo hizo en un extenso discurso que brindó en la sede del rectorado de la UCES, en ocasión del homenaje que le rindió la entidad al entregarle el “Premio Justicia 2024″, un reconocimiento que la casa de estudios entregó por vigesimaséptima vez.
Rosatti ingresó a las 19.30 al salón principal del rectorado, donde ya lo aguardaban, además de su familia, el también cortesano y convencional constituyente Juan Carlos Maqueda; integrantes de la Cámara de Casación Federal y de la Cámara de Apelaciones porteña; jueces federales y nacionales.
Rosatti, que la semana pasada fue reelegido como presidente de la Corte, sostuvo que las bases del constitucionalismo hunden sus raíces en los documentos que siguieron a las revoluciones francesa y norteamericana, que estuvieron signados por la hegemonía de la “razón” como instrumento predilecto y la ilusión de un progreso indefinido.
“El horror del holocausto en la Segunda Guerra Mundial nos enseña que no necesariamente vamos de peor a mejor”, interpuso, promediando su discurso.
Con un discurso de fuerte tinte filosófico y académico, el juez desplegó un recorrido que se inició con algunos referentes de la modernidad, como Descartes y los contractualistas, y concluyó con referencias a pensadores contemporáneos como Thomas Nagel y Jon Eslter, quienes, junto con otros autores “comienzan a ver desde distintos ángulos los límites de la racionalidad extrema”, dijo el juez. No hizo referencias al juicio por jurados que comienza a aplicarse desde hoy en Santa Fe, de donde es oriundo.
“No se trata de ninguna manera de cuestionar la racionalidad como forma de acceder al conocimiento, de lo que se trata es de ver qué posibilidades tienen otras modalidades para acceder a un conocimiento más cabal”, matizó.
“Vengo trabajando justamente en intentar cruzar a la Constitución argentina como modelo del constitucionalismo clásico y luego, con las sucesivas reformas, un constitucionalismo más actual”, compartió el magistrado.
Destacó al norteamericano John Rawls como el autor que “ha recorrido ese camino con mayor profundidad y capacidad. Incorporando factores de emocionalidad a ese mecano, a ese constructo, a ese artefacto que es la Constitución”
“En todo proceso revolucionario, la pasión, las emociones, los sentimientos, los desbordes, terminan consolidándose, porque no se puede vivir en un proceso de revolución permanente, y terminan consolidándose en un texto. Y ese texto, después, comienza a tener vida propia, ese texto es un texto frío, que después se lo interpretamos. Pero a medida que van pasando las generaciones, los intérpretes van cada vez más lejos del fenómeno histórico”. Más adelante, añadió: “A medida que se van interpretando estas palabras, van perdiendo un sentido unívoco y con la misma palabra podemos estar queriendo referir a cosas distintas, y en el extremo, opuestas”.
El cortesano aclaró que no estaba diciendo que un juez deba volcar “su subjetividad a una decisión judicial”, y comparó su rol al de una figura a medio camino entre el “ventrílocuo” y el “libre pensador”.
“Debe reprimir su subjetividad al momento de decidir. Pero lo que tiene que tener presente es que las normas que aplica, en particular la Constitución, fundamentalmente la Constitución, sí tiene una emocionalidad”, alegó
El magistrado hizo foco en tres emociones que, según sostuvo, las catástrofes, ya sean naturales, económicas o sociales, suelen poner de relieve: el altruismo, el egoísmo y la envidia.
“Lo importante es ver de qué forma una ingeniería constitucional puede neutralizar lo negativo de los sentimientos negativos, ayudar al que necesite ser ayudado y potenciar las actitudes que favorecen el interés del prójimo”, destacó, y, a 30 años de su creación, trajo a la Constitución de 1994 como un ejemplo de convergencia. “Tal vez haya sido el último acto de política grande en la Argentina”, consideró.
En otro tramo del discurso, Rosatti dejó un mensaje para intentar reducir la judicialización de los conflictos. “Creo que también hay que poner el foco en las organizaciones no gubernamentales, en la sociedad, en nosotros mismos, para ver de qué forma podemos lograr, no sé si reducir la conflictividad, pero por lo menos encontrar las vías de solución que no sean la de ir a la Justicia. Porque ir al tribunal significa, en primer lugar, un fracaso de métodos conciliatorios previos. Y en segundo lugar, transferir la responsabilidad de que me resuelva el problema a otro”, afirmó.
El juez fue distinguido por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales con el premio “Justicia 2024″; brindó un discurso frente a camaristas y jueces federales y nacionales, en el que pidió explorar una perspectiva “emotiva” LA NACION