Albert Einstein, entre 5000 durazneros y una escuela agropecuaria del conurbano bonaerense

El 25 de marzo de 1925 Albert Einstein, premio Nobel de Física en 1921, desembarcó en Buenos Aires para dictar una serie de conferencias. Una vez en la Argentina, el lugar donde pasó parte de su estadía fue la tranquilidad campestre de aquel Llavallol (Lomas de Zamora) donde recientemente se instalaban las primeras líneas de electricidad, se habilitaba el telégrafo y apenas un año antes llegaba el autobús de la Empresa de Ómnibus Lomas. En ese contexto visitó Santa Catalina y sus instalaciones.
Los días de tranquilidad de Einstein fueron, según las crónicas de la época, en la quinta de Bruno Wasserman, actualmente en ese solar está el Colegio La Milagrosa. Claro que recién llegado Einstein se hospedó unos días en la residencia que esta familia tenía en Buenos Aires.
El historiador Carlos Liotta relató que “el vecino Agapito llevó al científico hasta la cabaña en su coche de servicio”. La quinta de Wasserman era una de las más lujosas de la época ya que contaba con un monte de 5000 durazneros, un amplio parque y una importante plantación de frutales que eran recogidos en época y trasladados en tren y camión al Mercado de Abasto.
“Don Bruno Wasserman tenía una hermosa limousine -describe el libro Llavallol, hojeando recuerdos- para su uso personal. (…) En sus tierras existía un campo de polo, lo que le permitía alternar con lo más alto de la sociedad.”
Los apuntes de la época destacan que Einstein estuvo aproximadamente una semana en esta zona bonaerense. En una pormenorizada crónica Adrián Pignatelli detalla que recorrió “la reserva de Santa Catalina, considerada una de las primeras colonias agrícolas que tuvo el país, formada por escoceses en 1825″.
“Y, tal vez, disfrutando de su anonimato, era posible verlo sobre el puente peatonal de madera, cercano a la estación del ferrocarril, contemplando el paisaje. Se lo recuerda como una persona afable, tranquila, siempre de buen humor. También se hizo del tiempo para visitar la catedral de Lomas de Zamora, la escuela aledaña y Adrogué”, agrega la crónica.
En aquella estadía, recorrió la entonces Escuela Práctica de Agricultura y Ganadería Regional, y la Estación Experimental dependientes desde 1905 de la por entonces Facultad Nacional de Agronomía y Veterinaria. En ese tiempo la enseñanza se realizaba “a pie de obra”. El título que se obtenía era el de Perito en Agricultura y Ganadería.
Ya partir de 1928, pocos años después de la visita del Nobel, las autoridades universitarias decretan la creación del Instituto Fitotécnico de Santa Catalina que funciona hasta la actualidad por mandato de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
El Instituto lleva por propósito contribuir al mejoramiento de los principales cereales y promover los estudios genéticos de los cultivos. Además sería escuela práctica de aplicación de los estudios de las Facultades de Agronomía y Veterinaria.
Su actual director el ingeniero Hernán Barca destaca que “aquella visita fue sin dudas muy significativa para Santa Catalina en Llavallol ya que se trataba de un espacio fundamental en la formación agropecuaria de aquellos tiempos y lo sigue siendo en la actualidad mediante sus investigaciones, avances y líneas de trabajo”.
El 25 de marzo de 1925 Albert Einstein, premio Nobel de Física en 1921, desembarcó en Buenos Aires para dictar una serie de conferencias. Una vez en la Argentina, el lugar donde pasó parte de su estadía fue la tranquilidad campestre de aquel Llavallol (Lomas de Zamora) donde recientemente se instalaban las primeras líneas de electricidad, se habilitaba el telégrafo y apenas un año antes llegaba el autobús de la Empresa de Ómnibus Lomas. En ese contexto visitó Santa Catalina y sus instalaciones.
Los días de tranquilidad de Einstein fueron, según las crónicas de la época, en la quinta de Bruno Wasserman, actualmente en ese solar está el Colegio La Milagrosa. Claro que recién llegado Einstein se hospedó unos días en la residencia que esta familia tenía en Buenos Aires.
El historiador Carlos Liotta relató que “el vecino Agapito llevó al científico hasta la cabaña en su coche de servicio”. La quinta de Wasserman era una de las más lujosas de la época ya que contaba con un monte de 5000 durazneros, un amplio parque y una importante plantación de frutales que eran recogidos en época y trasladados en tren y camión al Mercado de Abasto.
“Don Bruno Wasserman tenía una hermosa limousine -describe el libro Llavallol, hojeando recuerdos- para su uso personal. (…) En sus tierras existía un campo de polo, lo que le permitía alternar con lo más alto de la sociedad.”
Los apuntes de la época destacan que Einstein estuvo aproximadamente una semana en esta zona bonaerense. En una pormenorizada crónica Adrián Pignatelli detalla que recorrió “la reserva de Santa Catalina, considerada una de las primeras colonias agrícolas que tuvo el país, formada por escoceses en 1825″.
“Y, tal vez, disfrutando de su anonimato, era posible verlo sobre el puente peatonal de madera, cercano a la estación del ferrocarril, contemplando el paisaje. Se lo recuerda como una persona afable, tranquila, siempre de buen humor. También se hizo del tiempo para visitar la catedral de Lomas de Zamora, la escuela aledaña y Adrogué”, agrega la crónica.
En aquella estadía, recorrió la entonces Escuela Práctica de Agricultura y Ganadería Regional, y la Estación Experimental dependientes desde 1905 de la por entonces Facultad Nacional de Agronomía y Veterinaria. En ese tiempo la enseñanza se realizaba “a pie de obra”. El título que se obtenía era el de Perito en Agricultura y Ganadería.
Ya partir de 1928, pocos años después de la visita del Nobel, las autoridades universitarias decretan la creación del Instituto Fitotécnico de Santa Catalina que funciona hasta la actualidad por mandato de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
El Instituto lleva por propósito contribuir al mejoramiento de los principales cereales y promover los estudios genéticos de los cultivos. Además sería escuela práctica de aplicación de los estudios de las Facultades de Agronomía y Veterinaria.
Su actual director el ingeniero Hernán Barca destaca que “aquella visita fue sin dudas muy significativa para Santa Catalina en Llavallol ya que se trataba de un espacio fundamental en la formación agropecuaria de aquellos tiempos y lo sigue siendo en la actualidad mediante sus investigaciones, avances y líneas de trabajo”.
Hace poco más de 100 años, el científico pasó parte de su estadía en el país en la localidad de Llavallol, donde recorrió la entonces Escuela Práctica de Agricultura y Ganadería Regional y, años después, se creó el Instituto Fitotécnico de Santa Catalina LA NACION