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Crisis y reconversión obligada: venden en panaderías bonaerenses facturas del día anterior con fuertes descuentos

“Deme medio kilo de pan y una docena de facturas”. Esa es una frase que, según los panaderos, ya no se escucha en muchas panaderías de la provincia de Buenos Aires. Los comerciantes alertaron sobre una fuerte caída en las ventas y un cambio en los hábitos de consumo, reflejo directo de la pérdida del poder adquisitivo en los hogares. En ese contexto, una práctica impensada hace unos años, comenzó a hacerse habitual: vender facturas del día anterior con descuento, como forma de evitar pérdidas y permitir que el cliente pueda “darse un gustito”. En el sector

Según la Federación Industrial Panaderil de la Provincia de Buenos Aires (Fippba), la situación del sector se agravó en los últimos tres meses. “Vemos con preocupación la baja en las ventas de nuestros productos en cantidad y calidad”, manifestaron en un comunicado. También señalaron que la mayoría de las panaderías ya no elaboran productos de confitería como tortas, masas finas o bombones. “Hoy son un lujo para el consumidor del barrio”, aseguraron. “Ya casi no se ven bombones en las vitrinas, y eso era parte de la identidad del rubro”, remarcaron.

Escenario excelente: tras las políticas populistas, lo que viene para la ganadería son inversiones y hacer crecer al país

El fenómeno, dijeron, no solo afecta a las ventas, sino también a la identidad y tradición de las panaderías de barrio. En muchas de ellas los carteles aún lucen el clásico binomio “panadería y confitería”, pero puertas adentro esa parte del negocio se achicó o desapareció. “Los productos dulces que acompañaban al pan eran un símbolo de cercanía, de reunión familiar. Hoy, simplemente, no se venden”, explicaron desde la federación.

En diálogo con LA NACION, Raúl Santoandré, presidente de la la entidad, explicó: “Antes la gente venía, compraba unos bizcochitos, unas masitas o un postre, pero todo eso cambió. Ahora el cliente lo tiene que pensar dos veces. El poder adquisitivo no es el mismo”. También destacó que el público ya no se permite ciertos gustos como antes. “La factura del día anterior, que antes nadie quería, hoy es una opción válida para muchas personas que buscan ahorrar sin dejar de llevar algo dulce a la mesa”, ilustró. Expresó que estas se ofrecen con descuentos que rondan entre el 30 y el 40%.

El dirigente también detalló que muchas panaderías se vieron obligadas a adaptarse para sobrevivir. Algunas agregaron mesas para ofrecer servicio de cafetería, otras comenzaron a vender tartas o empanadas los fines de semana. También hay negocios en donde incorporaron productos salados o comidas listas para diversificar las ventas. “Sin embargo, el problema principal sigue siendo el mismo: los costos suben, pero los precios se mantienen para no perder a los pocos clientes que quedan. Desde noviembre no se ha tocado el precio del pan en la mayoría de los locales”, dijo Santoandré.

Según detalló, la merma del consumo se acentuó en los últimos tres meses. “El consumo venía en una meseta. Pero siempre el público se daba un gusto. Todos los fines de semana repuntaba cierta mercadería. Hoy vemos que no tiene ninguna clase de salida”, dijo el presidente de la Fippba. Y remarcó: “La panadería siempre fue un termómetro de lo que pasa en la economía del hogar. Y lo que estamos viendo no es alentador”.

El presidente de la Fippba: “La panadería siempre fue un termómetro de lo que pasa en la economía del hogar. Y lo que estamos viendo no es alentador”

Mientras tanto, aseguró que el costo de las materias primas sigue en alza. “La bolsa de harina [25 kilos] tuvo una suba de un 10%; se hace escalonado, pero sube. Hoy cuesta más de $12.500 más impuestos. Los huevos, en 10 días, pasaron de un cajón de $50.000 o $53.000 a $75.000 u $80.000. Todo sube por encima de la inflación, pero no lo trasladamos al mostrador”, agregó.

El incremento afecta a todos los insumos básicos: harina, margarina, azúcar, grasa, levadura. Según el dirigente, muchas veces se dan aumentos escalonados semana tras semana que no siempre llegan a reflejarse en los índices oficiales. “Lo que marca el Indec no refleja nuestra realidad. Nosotros compramos todos los días y vemos cómo se nos escapa el margen”, afirmó.

Escenario excelente: tras las políticas populistas, lo que viene para la ganadería son inversiones y hacer crecer al país

A esto se sumaron nuevas exigencias que complican aún más el panorama: la necesidad de actualizar las registradoras fiscales, contar con certificados de pesas y medidas, y afrontar inspecciones constantes. “Todo eso tiene un costo, y siempre lo paga el pequeño comercio. Somos los más controlados”, sostuvo el directivo de la entidad.

Sobre los precios al consumidor, Santoandré aseguró que, aunque los costos internos aumentan, los valores al público se mantienen estables desde noviembre de 2024. “El kilo de pan ronda entre 3200 y 4000 pesos, y una docena de facturas puede estar entre $6000 y 10.000 pesos según la zona y la materia prima. Pero tratamos de no subir más, porque sabemos que no hay bolsillo que lo resista”, dijo. No obstante aclaró que, si los costos sigue en alza, van a tener que trasladarlo al mostrador.

Santoandré aseguró que, aunque los costos internos aumentan, los valores al público se mantienen estables desde noviembre de 2024. “El kilo de pan ronda entre 3200 y 4000 pesos, y una docena de facturas puede estar entre $6000 y 10.000 pesos según la zona y la materia prima

Santoandré también señaló que la presión regulatoria recae especialmente sobre quienes están dentro del sistema formal, mientras que muchos otros venden de manera informal y sin cumplir con las normas sanitarias. “Todo lo que se produce sin saber la procedencia y se vende online o de manera ambulante, también afecta al rubro. Hay una competencia desleal que no se controla”, advirtió.

Desde la entidad reclamaron políticas públicas que fortalezcan a las pymes y ayuden a sostener la actividad. “Estamos hablando de un rubro que genera miles de empleos. Las panaderías no es de que han cerrado; muchas que cierran siguen elaborando para poder también mantener a su familia y y a todos en el entorno”, concluyó Santoandré.

“Deme medio kilo de pan y una docena de facturas”. Esa es una frase que, según los panaderos, ya no se escucha en muchas panaderías de la provincia de Buenos Aires. Los comerciantes alertaron sobre una fuerte caída en las ventas y un cambio en los hábitos de consumo, reflejo directo de la pérdida del poder adquisitivo en los hogares. En ese contexto, una práctica impensada hace unos años, comenzó a hacerse habitual: vender facturas del día anterior con descuento, como forma de evitar pérdidas y permitir que el cliente pueda “darse un gustito”. En el sector

Según la Federación Industrial Panaderil de la Provincia de Buenos Aires (Fippba), la situación del sector se agravó en los últimos tres meses. “Vemos con preocupación la baja en las ventas de nuestros productos en cantidad y calidad”, manifestaron en un comunicado. También señalaron que la mayoría de las panaderías ya no elaboran productos de confitería como tortas, masas finas o bombones. “Hoy son un lujo para el consumidor del barrio”, aseguraron. “Ya casi no se ven bombones en las vitrinas, y eso era parte de la identidad del rubro”, remarcaron.

Escenario excelente: tras las políticas populistas, lo que viene para la ganadería son inversiones y hacer crecer al país

El fenómeno, dijeron, no solo afecta a las ventas, sino también a la identidad y tradición de las panaderías de barrio. En muchas de ellas los carteles aún lucen el clásico binomio “panadería y confitería”, pero puertas adentro esa parte del negocio se achicó o desapareció. “Los productos dulces que acompañaban al pan eran un símbolo de cercanía, de reunión familiar. Hoy, simplemente, no se venden”, explicaron desde la federación.

En diálogo con LA NACION, Raúl Santoandré, presidente de la la entidad, explicó: “Antes la gente venía, compraba unos bizcochitos, unas masitas o un postre, pero todo eso cambió. Ahora el cliente lo tiene que pensar dos veces. El poder adquisitivo no es el mismo”. También destacó que el público ya no se permite ciertos gustos como antes. “La factura del día anterior, que antes nadie quería, hoy es una opción válida para muchas personas que buscan ahorrar sin dejar de llevar algo dulce a la mesa”, ilustró. Expresó que estas se ofrecen con descuentos que rondan entre el 30 y el 40%.

El dirigente también detalló que muchas panaderías se vieron obligadas a adaptarse para sobrevivir. Algunas agregaron mesas para ofrecer servicio de cafetería, otras comenzaron a vender tartas o empanadas los fines de semana. También hay negocios en donde incorporaron productos salados o comidas listas para diversificar las ventas. “Sin embargo, el problema principal sigue siendo el mismo: los costos suben, pero los precios se mantienen para no perder a los pocos clientes que quedan. Desde noviembre no se ha tocado el precio del pan en la mayoría de los locales”, dijo Santoandré.

Según detalló, la merma del consumo se acentuó en los últimos tres meses. “El consumo venía en una meseta. Pero siempre el público se daba un gusto. Todos los fines de semana repuntaba cierta mercadería. Hoy vemos que no tiene ninguna clase de salida”, dijo el presidente de la Fippba. Y remarcó: “La panadería siempre fue un termómetro de lo que pasa en la economía del hogar. Y lo que estamos viendo no es alentador”.

El presidente de la Fippba: “La panadería siempre fue un termómetro de lo que pasa en la economía del hogar. Y lo que estamos viendo no es alentador”

Mientras tanto, aseguró que el costo de las materias primas sigue en alza. “La bolsa de harina [25 kilos] tuvo una suba de un 10%; se hace escalonado, pero sube. Hoy cuesta más de $12.500 más impuestos. Los huevos, en 10 días, pasaron de un cajón de $50.000 o $53.000 a $75.000 u $80.000. Todo sube por encima de la inflación, pero no lo trasladamos al mostrador”, agregó.

El incremento afecta a todos los insumos básicos: harina, margarina, azúcar, grasa, levadura. Según el dirigente, muchas veces se dan aumentos escalonados semana tras semana que no siempre llegan a reflejarse en los índices oficiales. “Lo que marca el Indec no refleja nuestra realidad. Nosotros compramos todos los días y vemos cómo se nos escapa el margen”, afirmó.

Escenario excelente: tras las políticas populistas, lo que viene para la ganadería son inversiones y hacer crecer al país

A esto se sumaron nuevas exigencias que complican aún más el panorama: la necesidad de actualizar las registradoras fiscales, contar con certificados de pesas y medidas, y afrontar inspecciones constantes. “Todo eso tiene un costo, y siempre lo paga el pequeño comercio. Somos los más controlados”, sostuvo el directivo de la entidad.

Sobre los precios al consumidor, Santoandré aseguró que, aunque los costos internos aumentan, los valores al público se mantienen estables desde noviembre de 2024. “El kilo de pan ronda entre 3200 y 4000 pesos, y una docena de facturas puede estar entre $6000 y 10.000 pesos según la zona y la materia prima. Pero tratamos de no subir más, porque sabemos que no hay bolsillo que lo resista”, dijo. No obstante aclaró que, si los costos sigue en alza, van a tener que trasladarlo al mostrador.

Santoandré aseguró que, aunque los costos internos aumentan, los valores al público se mantienen estables desde noviembre de 2024. “El kilo de pan ronda entre 3200 y 4000 pesos, y una docena de facturas puede estar entre $6000 y 10.000 pesos según la zona y la materia prima

Santoandré también señaló que la presión regulatoria recae especialmente sobre quienes están dentro del sistema formal, mientras que muchos otros venden de manera informal y sin cumplir con las normas sanitarias. “Todo lo que se produce sin saber la procedencia y se vende online o de manera ambulante, también afecta al rubro. Hay una competencia desleal que no se controla”, advirtió.

Desde la entidad reclamaron políticas públicas que fortalezcan a las pymes y ayuden a sostener la actividad. “Estamos hablando de un rubro que genera miles de empleos. Las panaderías no es de que han cerrado; muchas que cierran siguen elaborando para poder también mantener a su familia y y a todos en el entorno”, concluyó Santoandré.

 Según la Federación de la Industria Panaderil de la provincia, se recurre a ese recurso para tratar de sostener el negocio en medio de la pérdida del poder adquisitivo de la población; aseguran que tienen precios estables desde noviembre pasado con costos que subieron por encima de la inflación  LA NACION

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