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Esgrima de cuchillo: entre el facón gauchesco, las referencias borgeanas y la supervivencia barrial; así es el tolpar argentino

“La principal diferencia entre el esgrima de espada y el esgrima de cuchillo, además del arma, es el precio. Acá no tenemos trajes con sensores, ni espadas ni cascos caros. Acá conseguimos los cascos usados, entrenamos con lo nuestro y estas clases son gratis”, dice Federico Lorenzo. Se trata del único instructor de tolpar –el nombre original– de América del Sur. En el calor del gimnasio de boxeo del club Lamadrid, los alumnos se acomodan en parejas, y mientras uno hace movimientos circulares con una soga, el otro intenta apuñalarlo con movimientos precisos que la esquiven. La goma con forma de cuchilla va y viene tan veloz que apenas se llega a adivinar la decisión. Lo que sirve es ser impredecible, encontrar el hueco, la distracción.

En el cuento El encuentro (Informe de Brodie – 1970), el narrador creado por Jorge Luis Borges relata un secreto que guarda desde niño, cuando en una casona de la localidad de Los Laureles dos hombres se batían a duelos de cuchillos por una discusión sin importancia. La escena termina en asesinato, pero, lo curioso es que, años más tarde, un comisario retirado y conocedor de duelos criollos le revela que los facones usados en esa oportunidad les pertenecían a antiguos enemigos que se habían ido de este mundo sin darse el gusto de ultimarse el uno al otro. En el texto, son los cuchillos y no quienes los empuñaron los que se enemistaron a través del tiempo. “Las armas, no los hombres, pelearon”, resume. En el club, la presencia de los cuchillos también evidencian historias.

Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

El único instructor de América del Sur

Federico, el instructor, aprendió múltiples disciplinas a lo largo de su vida, como boxeo, taekwondo, kickboxing y esgrima criollo, pero las que no olvidan son las armas y las heridas que carga. Tiene el idioma de una calle que lo supo envolver en vicios oscuros y violentos. Así lo cuenta, pero también así lo evidencia la cicatriz que tiene cerca de la rodilla, que no fue causada por un mal desempeño deportivo, sino por un combate cuerpo a cuerpo en el que se puso en juego, alguna vez, su vida. “Esto no es un deporte, es un sistema de defensa y ataque que sirve para competir y para la vida”, asegura. Y aclara que no se trata de “esgrima criollo”, como si hubiera un desfasaje territorial: el esgrima de cuchillo tiene el paisaje urbano de los barrios.

Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

“Hay gente que viene porque quiere competir y yo los preparo, pero también hay otros que vienen para saber defenderse y yo les enseño, por ejemplo, la técnica de Arnés diablo. En una situación en la que te vienen a atacar, todo depende de si vos vas armado también o no. [le pide a una alumna que avance contra él] Si te vienen así, vos podés hacer esta llave y sacarle el cuchillo. Y eso no es para una competencia, es por si te pasa”, dice. “El tema es cuando estás jugado y corre peligro tu vida. La postura siempre tiene que tener en cuenta que te lastimen, entonces nunca exponés la parte interna del brazo porque es peligroso. Acá no se hace apología del delito, siempre tratamos de advertir que el cuchillo es peligroso. Pero si están por golpear a tu mamá o agarrar a tu hermanita vos tenés que saber actuar”, resume. Y esa tranquilidad de la autodefensa que busca darles, funciona. Al menos así lo relata Melina Vega, quien empezó a entrenar para actuar en una serie y hoy asegura sentirse “más segura caminando de noche por la calle”.

“No es solo el cuello y el corazón. Si te abren una pierna, por más que te hagan un torniquete, te podés morir. Y uno tiene que tener cierto cuidado con la gente que viene. No dejo que tomen clases los menores. Acá vino un tipo que quería que aprendiera su hijo de 14 años. Le dije que no, que lo lleve a otro lado, que aprenda taekwondo. Con 14 años te enojás con un compañero del colegio y ¿sabés el desastre que podés hacer?”.

Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

Un arma no es un juguete

A pesar de lo variado de las profesiones de los alumnos, Federico usa cuchillos de goma para enseñarles que un arma no es un juguete, pero que tampoco es solo una herramienta. Cuando no los están usando, yacen en el piso los de plástico y los de madera, que solo realzan la letalidad de los otros dos: una varilla de fierro de construcción con punta que tiene mango casero de vendas y cuero, una especie de chaira fabricada para la supervivencia. “Uno de estos me clavaron acá”, dice y se señala la pierna. Al lado, un puñal de doble filo descansa en la vaina. “Con este se hacen competencias ‘a primera sangre’”, cuenta Federico. Y para probar su hoja se lo pasa por el brazo que automáticamente larga un hilo de sangre.

Los cuchillos de goma y madera (abajo) y los que lastimaron la rodilla de Federico (arriba).Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

La clase es un vaivén, porque después de tanto insistir en que aprender este “sistema” sirve para prepararse para la violencia del afuera, al hablar del tolpar su discurso se torna técnico, repasa las protecciones y las condiciones para participar profesionalmente. En ese sentido también cuenta sus inicios: “Yo ya había aprendido algunas disciplinas. Una vez me compré una revista de artes marciales y vi a un tipo con un palo y un cuchillo. Y yo dije quiero hacer eso. Busqué al instructor y resultó ser Andrea Nicola Pulitano, un italiano que vivía a media cuadra de mi casa”.

Ese golpe de suerte terminó siendo un golpe más contundente: “Era muy violento. La primera clase me rompió un brazo. Otro día fui con el yeso puesto y cuando me abrió me dijo ‘si me vas a hacer problema, andate’. Yo le contesté que no, que tengo el otro brazo”, cuenta. La práctica se llama kali filipino e incluye el combate con varias armas como bastones de madera, armas blancas y técnicas de lucha cuerpo a cuerpo.

Esgrima de cuchillo

De vuelta al tolpar, un sistema que aprendió después, menciona que “en Brasil y en Francia está muy desarrollado”. La web oficial de la organización que lo popularizó y que arma el mundial de esta disciplina en Francia, ubica su origen como “resultado de las investigaciones realizadas desde 1985 por oficiales de las Fuerzas Especiales rusas en el campo del combate con cuchillos”. Más adelante, en 2002, “la escuela abandonó el ámbito puramente militar para abrirse al público en general bajo el liderazgo de dos oficiales: Nikolai Yakimenko (director de la escuela de 2002 a 2011) y Kyril Lubin (subdirector de la escuela entre 2002 y 2011, luego director de la escuela desde 2011 hasta la actualidad)”.

Cerca de las artes marciales y las disciplinas de combate

Siempre cerca de las artes marciales y las disciplinas de combate, Federico hoy sueña con viajar a competir. Busca transmitir lo que sabe, participar en circuitos que le permitan competir, organizar los torneos en Lamadrid. “La última vez se llenó de gente, lo hacemos en donde funciona la cancha de vóley”, cuenta. El tercer torneo organizado en el club será el 1 de junio a las 12 y en la cuenta de Instagram de las clases ya aparece la convocatoria para la inscripción en dos categorías. La competencia también está abierta al público general. “La plata que recaudamos queda en el club porque nos presta el lugar. Yo sigo viviendo de los repartos y me voy a endeudar todo lo que sea necesario, pero quiero ir a competir a Francia”, dice.

Esgrima de cuchillo

En medio de la conversación, Federico les indica a dos que “vayan y peleen un rato”. Uno toma el cuchillo de goma con toda la mano, el otro apenas lo sostiene entre sus dedos. Avanzan y retroceden, se atacan, apuñalan y bloquean. Se escuchan los gritos de un entrenamiento de futsal en la cancha de abajo. En cambio, acá arriba este es un sistema silencioso. Solo se escuchan sus zapatillas deslizándose en el suelo y vuelan gotas de transpiración. En sus miradas fijas y concentradas en el oponente se acumulan años del mito argentino del facón gauchesco y las secretas intenciones de quienes llegan al entrenamiento para aprender vaya a saber qué o para prepararse para quién sabe qué situaciones de una Argentina hostil. Una competencia que prepara para la supervivencia y una calle que prepara para la disciplina.

El esgrima de cuchillo es hoy un deporte sin reconocimiento oficial, de barrio y con eventos abiertos, pero también –se sabe– otros tantos clandestinos. Se trata de una adaptación nacional a un experimento europeo que no para de crecer en nuestro país y que, aunque importado, ya tiene el sello de lo nuestro. Federico, por su parte, reniega de haber perdido sensibilidades en contextos violentos que forjaron su personalidad. De todos modos, cuando empiezan a irse, despliega otra faceta: “¿Cómo estás de la pierna? Manteneme al tanto”, “Hoy se salvaron del circuito”, “La semana que viene te traigo una remera de Esgrima de cuchillo”.

“La principal diferencia entre el esgrima de espada y el esgrima de cuchillo, además del arma, es el precio. Acá no tenemos trajes con sensores, ni espadas ni cascos caros. Acá conseguimos los cascos usados, entrenamos con lo nuestro y estas clases son gratis”, dice Federico Lorenzo. Se trata del único instructor de tolpar –el nombre original– de América del Sur. En el calor del gimnasio de boxeo del club Lamadrid, los alumnos se acomodan en parejas, y mientras uno hace movimientos circulares con una soga, el otro intenta apuñalarlo con movimientos precisos que la esquiven. La goma con forma de cuchilla va y viene tan veloz que apenas se llega a adivinar la decisión. Lo que sirve es ser impredecible, encontrar el hueco, la distracción.

En el cuento El encuentro (Informe de Brodie – 1970), el narrador creado por Jorge Luis Borges relata un secreto que guarda desde niño, cuando en una casona de la localidad de Los Laureles dos hombres se batían a duelos de cuchillos por una discusión sin importancia. La escena termina en asesinato, pero, lo curioso es que, años más tarde, un comisario retirado y conocedor de duelos criollos le revela que los facones usados en esa oportunidad les pertenecían a antiguos enemigos que se habían ido de este mundo sin darse el gusto de ultimarse el uno al otro. En el texto, son los cuchillos y no quienes los empuñaron los que se enemistaron a través del tiempo. “Las armas, no los hombres, pelearon”, resume. En el club, la presencia de los cuchillos también evidencian historias.

Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

El único instructor de América del Sur

Federico, el instructor, aprendió múltiples disciplinas a lo largo de su vida, como boxeo, taekwondo, kickboxing y esgrima criollo, pero las que no olvidan son las armas y las heridas que carga. Tiene el idioma de una calle que lo supo envolver en vicios oscuros y violentos. Así lo cuenta, pero también así lo evidencia la cicatriz que tiene cerca de la rodilla, que no fue causada por un mal desempeño deportivo, sino por un combate cuerpo a cuerpo en el que se puso en juego, alguna vez, su vida. “Esto no es un deporte, es un sistema de defensa y ataque que sirve para competir y para la vida”, asegura. Y aclara que no se trata de “esgrima criollo”, como si hubiera un desfasaje territorial: el esgrima de cuchillo tiene el paisaje urbano de los barrios.

Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

“Hay gente que viene porque quiere competir y yo los preparo, pero también hay otros que vienen para saber defenderse y yo les enseño, por ejemplo, la técnica de Arnés diablo. En una situación en la que te vienen a atacar, todo depende de si vos vas armado también o no. [le pide a una alumna que avance contra él] Si te vienen así, vos podés hacer esta llave y sacarle el cuchillo. Y eso no es para una competencia, es por si te pasa”, dice. “El tema es cuando estás jugado y corre peligro tu vida. La postura siempre tiene que tener en cuenta que te lastimen, entonces nunca exponés la parte interna del brazo porque es peligroso. Acá no se hace apología del delito, siempre tratamos de advertir que el cuchillo es peligroso. Pero si están por golpear a tu mamá o agarrar a tu hermanita vos tenés que saber actuar”, resume. Y esa tranquilidad de la autodefensa que busca darles, funciona. Al menos así lo relata Melina Vega, quien empezó a entrenar para actuar en una serie y hoy asegura sentirse “más segura caminando de noche por la calle”.

“No es solo el cuello y el corazón. Si te abren una pierna, por más que te hagan un torniquete, te podés morir. Y uno tiene que tener cierto cuidado con la gente que viene. No dejo que tomen clases los menores. Acá vino un tipo que quería que aprendiera su hijo de 14 años. Le dije que no, que lo lleve a otro lado, que aprenda taekwondo. Con 14 años te enojás con un compañero del colegio y ¿sabés el desastre que podés hacer?”.

Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

Un arma no es un juguete

A pesar de lo variado de las profesiones de los alumnos, Federico usa cuchillos de goma para enseñarles que un arma no es un juguete, pero que tampoco es solo una herramienta. Cuando no los están usando, yacen en el piso los de plástico y los de madera, que solo realzan la letalidad de los otros dos: una varilla de fierro de construcción con punta que tiene mango casero de vendas y cuero, una especie de chaira fabricada para la supervivencia. “Uno de estos me clavaron acá”, dice y se señala la pierna. Al lado, un puñal de doble filo descansa en la vaina. “Con este se hacen competencias ‘a primera sangre’”, cuenta Federico. Y para probar su hoja se lo pasa por el brazo que automáticamente larga un hilo de sangre.

Los cuchillos de goma y madera (abajo) y los que lastimaron la rodilla de Federico (arriba).Entrenamiento de esgrima de cuchillo en el Club Atlético General Lamadrid.

La clase es un vaivén, porque después de tanto insistir en que aprender este “sistema” sirve para prepararse para la violencia del afuera, al hablar del tolpar su discurso se torna técnico, repasa las protecciones y las condiciones para participar profesionalmente. En ese sentido también cuenta sus inicios: “Yo ya había aprendido algunas disciplinas. Una vez me compré una revista de artes marciales y vi a un tipo con un palo y un cuchillo. Y yo dije quiero hacer eso. Busqué al instructor y resultó ser Andrea Nicola Pulitano, un italiano que vivía a media cuadra de mi casa”.

Ese golpe de suerte terminó siendo un golpe más contundente: “Era muy violento. La primera clase me rompió un brazo. Otro día fui con el yeso puesto y cuando me abrió me dijo ‘si me vas a hacer problema, andate’. Yo le contesté que no, que tengo el otro brazo”, cuenta. La práctica se llama kali filipino e incluye el combate con varias armas como bastones de madera, armas blancas y técnicas de lucha cuerpo a cuerpo.

Esgrima de cuchillo

De vuelta al tolpar, un sistema que aprendió después, menciona que “en Brasil y en Francia está muy desarrollado”. La web oficial de la organización que lo popularizó y que arma el mundial de esta disciplina en Francia, ubica su origen como “resultado de las investigaciones realizadas desde 1985 por oficiales de las Fuerzas Especiales rusas en el campo del combate con cuchillos”. Más adelante, en 2002, “la escuela abandonó el ámbito puramente militar para abrirse al público en general bajo el liderazgo de dos oficiales: Nikolai Yakimenko (director de la escuela de 2002 a 2011) y Kyril Lubin (subdirector de la escuela entre 2002 y 2011, luego director de la escuela desde 2011 hasta la actualidad)”.

Cerca de las artes marciales y las disciplinas de combate

Siempre cerca de las artes marciales y las disciplinas de combate, Federico hoy sueña con viajar a competir. Busca transmitir lo que sabe, participar en circuitos que le permitan competir, organizar los torneos en Lamadrid. “La última vez se llenó de gente, lo hacemos en donde funciona la cancha de vóley”, cuenta. El tercer torneo organizado en el club será el 1 de junio a las 12 y en la cuenta de Instagram de las clases ya aparece la convocatoria para la inscripción en dos categorías. La competencia también está abierta al público general. “La plata que recaudamos queda en el club porque nos presta el lugar. Yo sigo viviendo de los repartos y me voy a endeudar todo lo que sea necesario, pero quiero ir a competir a Francia”, dice.

Esgrima de cuchillo

En medio de la conversación, Federico les indica a dos que “vayan y peleen un rato”. Uno toma el cuchillo de goma con toda la mano, el otro apenas lo sostiene entre sus dedos. Avanzan y retroceden, se atacan, apuñalan y bloquean. Se escuchan los gritos de un entrenamiento de futsal en la cancha de abajo. En cambio, acá arriba este es un sistema silencioso. Solo se escuchan sus zapatillas deslizándose en el suelo y vuelan gotas de transpiración. En sus miradas fijas y concentradas en el oponente se acumulan años del mito argentino del facón gauchesco y las secretas intenciones de quienes llegan al entrenamiento para aprender vaya a saber qué o para prepararse para quién sabe qué situaciones de una Argentina hostil. Una competencia que prepara para la supervivencia y una calle que prepara para la disciplina.

El esgrima de cuchillo es hoy un deporte sin reconocimiento oficial, de barrio y con eventos abiertos, pero también –se sabe– otros tantos clandestinos. Se trata de una adaptación nacional a un experimento europeo que no para de crecer en nuestro país y que, aunque importado, ya tiene el sello de lo nuestro. Federico, por su parte, reniega de haber perdido sensibilidades en contextos violentos que forjaron su personalidad. De todos modos, cuando empiezan a irse, despliega otra faceta: “¿Cómo estás de la pierna? Manteneme al tanto”, “Hoy se salvaron del circuito”, “La semana que viene te traigo una remera de Esgrima de cuchillo”.

 La disciplina que requiere técnica, entrenamiento físico y concentración en la que conviven el ganar una pelea con la autodefensa para la hostilidad de las ciudades  LA NACION

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