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Los pliegos de la Corte. Emisarios, acrobacias reglamentarias y una jugada final, las tácticas fallidas del Gobierno para evitar el mazazo político

En una jornada frenética, el Gobierno se movilizó desde temprano para frustrar la sesión en la que finalmente se rechazaron los pliegos de Manuel García-Mansilla y Ariel Lijo, los dos candidatos de Javier Milei para integrar la Corte Suprema de Justicia. Fue un intento desesperado por evitar un mazazo político con posibles repercusiones económicas, justo en plena negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La gesta estuvo comandada por el asesor presidencial Santiago Caputo, quien a través de Ezequiel Atauche, su brazo ejecutor en el Senado, utilizó todas las herramientas a su alcance para rotar la posición de los 37 que habilitarían el debate. Por los pasillos de la Cámara alta se movieron funcionarios cercanos a Caputo, como el secretario de Culto y Civilización, Nahuel Sotelo, quienes siguieron de cerca el desarrollo de los hechos e incluso llamaron a senadores para medir el clima político.

Nahuel Sotelo, nuevo secretario de Culto

Cuando el quorum ya era inevitable y no quedaban más voluntades por torcer, el Gobierno jugó su última carta contra el kirchnerismo: la “ficha limpia”. En la reunión de labor parlamentaria, donde se define el temario de la sesión, Atauche propuso incluir el proyecto que inhabilitaría a Cristina Kirchner para ser candidata. Intentó presionar a los senadores de Unión por la Patria, pero la jugada fracasó. Ni siquiera sus aliados de Pro y el radicalismo, cansados del manoseo del Gobierno sobre un proyecto que ellos mismos promovieron, apoyaron la movida.

El Gobierno ensayó luego distintas acrobacias reglamentarias que fueron ignoradas por la oposición. Intentaron sin éxito reunir las firmas de los jefes de bloque en una nota, con el objetivo de pedir la suspensión de la sesión. También trataron de persuadir a los convocantes, los únicos que pueden solicitar su cancelación según el reglamento, pero sus promesas de diálogo no tuvieron eco. El oficialismo se topó con un sinfín de reproches de la oposición, que no le perdonan el ninguneo a su rol para prestar acuerdos. “Nos cansamos de esperar”, reconoció a LA NACION un referente de la UCR.

Sesión en el Senado de la Nación para decidir el futuro del senador Edgardo Kueider, piden el desafuero y la detención. Abdala y Mayans

Las amenazas aparecieron en escena cuando el oficialismo cayó en la cuenta de que ya no le quedaban más recursos en la gatera. Consideraron la posibilidad de que el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, firmara un decreto con la postergación de la sesión. Se le planteó a una oposición que observaba impávida las cabriolas oficialistas. Pro, la UCR y el kirchnerismo se negaron de plano y a los libertarios no les quedó otra opción que pensar en el después: cómo explicar la torpeza política.

Recurrieron a su fusible predilecto, la vicepresidenta Victoria Villarruel, que se encontraba en ejercicio de la primera magistratura por el viaje de Milei a Estados Unidos. A través de la cuenta que se le atribuye a Caputo -que no es reconocida por el asesor- el Gobierno tomó distancia de la derrota.

Acusaron a Villarruel de boicotear el intento del oficialismo de frustrar la sesión. “¿Qué hace la vicepresidente de la Nación en ejercicio de la Presidencia de la Nación en su despacho del Senado operando la sesión de hoy? Casi seguro que es un delito eso”, escribió @MileiEmperador.

La vicepresidenta replicó por redes sociales y se desligó de las acusaciones en su contra. Siguió el debate desde su despacho del Senado, donde preparó una modesta despedida para su secretaria Administrativa, María Laura Izzo, quien hoy se despidió de su rol en la Cámara.

Los libertarios descartaron por completo la propuesta del radicalismo, que, a través de su jefe de bloque, Eduardo Vischi, sugirió al Gobierno retirar los pliegos del Senado para evitar el rechazo. La idea habría sido favorable para García-Mansilla, que se hubiese asegurado un breve paso por la Corte. Para Lijo, en cambio, significaba el final: no estaba dispuesto a dejar su cargo como juez federal en Comodoro Py por un puesto en la Corte de solo un año.

Pero el Gobierno nunca contempló retroceder. La Libertad Avanza no da marcha atrás, aunque, a veces, como en el juego de la Oca, avanzar implique volver a fojas cero.

En una jornada frenética, el Gobierno se movilizó desde temprano para frustrar la sesión en la que finalmente se rechazaron los pliegos de Manuel García-Mansilla y Ariel Lijo, los dos candidatos de Javier Milei para integrar la Corte Suprema de Justicia. Fue un intento desesperado por evitar un mazazo político con posibles repercusiones económicas, justo en plena negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La gesta estuvo comandada por el asesor presidencial Santiago Caputo, quien a través de Ezequiel Atauche, su brazo ejecutor en el Senado, utilizó todas las herramientas a su alcance para rotar la posición de los 37 que habilitarían el debate. Por los pasillos de la Cámara alta se movieron funcionarios cercanos a Caputo, como el secretario de Culto y Civilización, Nahuel Sotelo, quienes siguieron de cerca el desarrollo de los hechos e incluso llamaron a senadores para medir el clima político.

Nahuel Sotelo, nuevo secretario de Culto

Cuando el quorum ya era inevitable y no quedaban más voluntades por torcer, el Gobierno jugó su última carta contra el kirchnerismo: la “ficha limpia”. En la reunión de labor parlamentaria, donde se define el temario de la sesión, Atauche propuso incluir el proyecto que inhabilitaría a Cristina Kirchner para ser candidata. Intentó presionar a los senadores de Unión por la Patria, pero la jugada fracasó. Ni siquiera sus aliados de Pro y el radicalismo, cansados del manoseo del Gobierno sobre un proyecto que ellos mismos promovieron, apoyaron la movida.

El Gobierno ensayó luego distintas acrobacias reglamentarias que fueron ignoradas por la oposición. Intentaron sin éxito reunir las firmas de los jefes de bloque en una nota, con el objetivo de pedir la suspensión de la sesión. También trataron de persuadir a los convocantes, los únicos que pueden solicitar su cancelación según el reglamento, pero sus promesas de diálogo no tuvieron eco. El oficialismo se topó con un sinfín de reproches de la oposición, que no le perdonan el ninguneo a su rol para prestar acuerdos. “Nos cansamos de esperar”, reconoció a LA NACION un referente de la UCR.

Sesión en el Senado de la Nación para decidir el futuro del senador Edgardo Kueider, piden el desafuero y la detención. Abdala y Mayans

Las amenazas aparecieron en escena cuando el oficialismo cayó en la cuenta de que ya no le quedaban más recursos en la gatera. Consideraron la posibilidad de que el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, firmara un decreto con la postergación de la sesión. Se le planteó a una oposición que observaba impávida las cabriolas oficialistas. Pro, la UCR y el kirchnerismo se negaron de plano y a los libertarios no les quedó otra opción que pensar en el después: cómo explicar la torpeza política.

Recurrieron a su fusible predilecto, la vicepresidenta Victoria Villarruel, que se encontraba en ejercicio de la primera magistratura por el viaje de Milei a Estados Unidos. A través de la cuenta que se le atribuye a Caputo -que no es reconocida por el asesor- el Gobierno tomó distancia de la derrota.

Acusaron a Villarruel de boicotear el intento del oficialismo de frustrar la sesión. “¿Qué hace la vicepresidente de la Nación en ejercicio de la Presidencia de la Nación en su despacho del Senado operando la sesión de hoy? Casi seguro que es un delito eso”, escribió @MileiEmperador.

La vicepresidenta replicó por redes sociales y se desligó de las acusaciones en su contra. Siguió el debate desde su despacho del Senado, donde preparó una modesta despedida para su secretaria Administrativa, María Laura Izzo, quien hoy se despidió de su rol en la Cámara.

Los libertarios descartaron por completo la propuesta del radicalismo, que, a través de su jefe de bloque, Eduardo Vischi, sugirió al Gobierno retirar los pliegos del Senado para evitar el rechazo. La idea habría sido favorable para García-Mansilla, que se hubiese asegurado un breve paso por la Corte. Para Lijo, en cambio, significaba el final: no estaba dispuesto a dejar su cargo como juez federal en Comodoro Py por un puesto en la Corte de solo un año.

Pero el Gobierno nunca contempló retroceder. La Libertad Avanza no da marcha atrás, aunque, a veces, como en el juego de la Oca, avanzar implique volver a fojas cero.

 Ezequiel Atauche, que responde a Santiago Caputo, esbozó alternativas poco ortodoxas con el objetivo de suspender la sesión; hubo enviados de la Casa Rosada que monitorearon los detalles de la jornada; la vicepresidenta siguió el debate desde su despacho en el Senado  LA NACION

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