La tercera ola: se reacomoda el tablero de los grandes grupos económicos

El mundo cambia; la Argentina, también. Los tiempos pasan, las generaciones se acumulan y la vida toma otro formato. Tecnologías, costumbres y negocios mutan con velocidad de rayo. Compañías que no existían hace un par de décadas hoy dominan el mundo. Elon Musk, hoy también funcionario del gobierno de presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es el hombre más rico del mundo de acuerdo al ránking de la revista Forbes. Su compañía emblema, la fabricante de autos eléctricos Tesla, se creó en julio de 2003. Apenas 18 años después, su fundador y dueño, ya tenía la billetera más grande del planeta. Se trata, quizá, del ejemplo más extremo que se pueda encontrar, pero los cambios en la galaxia empresaria no sólo son producto de los adelantos tecnológicos y las nuevas empresas. De hecho, en la Argentina empezó a tomar forma un enorme movimiento en los grupos económicos más importantes. Desaparecerán algunos; otros, venderán y claro, habrá nuevos protagonistas de la mesa de los poderosos.
A riesgo de simplificar, se trata del tercer gran movimiento corporativo que se ha dado en los últimos 35 años, después de la consolidación de fuerzas y billeteras pasado el proceso de privatizaciones que llevó adelante el entonces presidente Carlos Menem en la década del noventa.
La ola privatizadora de las empresas públicas aún está en modo pausa
Años después, con la caída de la convertibilidad y la llegada del kirchnerismo al poder aquellos capitales perdieron ascendencia y surgió un nuevo grupo de hombres de negocios, impactados en muchos casos por los negocios que surgieron a raíz del “modelo productivo de acumulación de matriz diversificada e inclusión social”, de acuerdo a como definía Cristina Kirchner aquella política económica.
Con quienes disfrutaron de las mieles del “Estado presente” y los “expertos en mercados regulados”, florecieron otros empresarios que se internacionalizaron y cruzaron el mojón de cambio de siglo con una verdadera profesionalización de sus negocios. Mientras tanto, despuntaban los grupos tecnológicos en el país. En pocos años, sus billeteras sumaron ceros con la velocidad de los adelantos en el mundo digital
Por este tiempo, una nueva mutación empezó a tomar cuerpo. No se trata de un fenómeno que se dará de un día para el otro ni muchos menos. Pero los movimientos actuales dan cuenta de una nueva tendencia. Varios grupos empresarios consolidados empezaron a verse las caras en las principales pujas que se han dado por activos atractivos que han salido a la venta. Centrales termoeléctricas, el caso de Telefónica, la venta de la planta de Mercedes Benz, la compra de la operación local de Procter & Gamble y la operación para adquirir los activos en el país que la estadounidense ExxonMobil tenía en la Argentina junto con QatarEnergy (comprados por la firma argentina Pluspetrol) son algunos de los ejemplos más importantes que se pueden mencionar. Todos tienen un común denominador: los capitales extranjeros fueron reemplazados por argentinos.
Los inicios y la consolidación en los ‘90
Alejandro Gaggero, investigador del Conicet y especialista en estudios sobre las transformaciones de los grupos económicos nacionales, dice los primeros movimientos, con la consolidación de grupos argentinos se dio a fines de los 70 y principios de los 80. “En ese momento se fueron varias empresas transnacionales como General Motors, Fiat y Peugeot. Además, otras en el sector petroquímico. En esos contextos de inestabilidad, los locales vieron la oportunidad y se hicieron de activos importantes”, dice.
El álbum de los grupos económicos se consolidó en aquel momento con varios nombres de familias históricas que participaban de negocios en muchas ramas. Entre los más paradigmáticos, en aquel tiempo se escuchaba apellidos como Fortabat (Loma Negra), Macri (Sevel, con la fabricación de los autos para las marcas Peugeot y Fiat), Soldati (Comercial del Plata, el Parque y el Tren de la Costa) , Bunge & Born, Garovaglio & Zorraquín (petroquímica), Terrabusi (alimentos y consumo masivo), Antelo (Renault), Acevedo (Acindar), Roggio (constructoras), entre otras empresas) y el malogrado Alfredo Yabrán, de OCA. Todos ellos eran sinónimo de empresas diversificadas, con alguna rama en la industria; otra, en los servicios, y varias de ellas, con participación en las privatizaciones que caracterizaron esos días.
Gran parte de ese elenco sumó negocios con las ventas de empresas públicas. Por caso, el Grupo Macri fue parte del consorcio que tuvo la concesión de Autopistas del Sol y del Correo Argentino; Soldati ingresó en Aguas Argentinas (hoy AySA); Fortabat hizo lo propio en uno de los ramales del ferrocarril de carga y Roggio se quedó con el Urquiza y el subterráneo porteño, por citar algunos casos.
En medio de esos grupos familiares irrumpió una tromba corporativa: el grupo Exxel, comandado por un exejecutivo del Citibank, Juan Navarro. Fue una vorágine. En poco tiempo eran dueños de Casa Tía, Supermercado Norte y Musimundo; las empresas de medicina privadas TIM y Galeno Life; las textiles Lacoste y Paula Cahen D’Anvers, además de marcas como Havanna, OCA y Freddo, entre muchas otras más compañías.
Franco Macri (Peugeot y Fiat) y Manuel Antelo (Renault) fabricaban alrededor del 80% de los autos que se producían en el país. Fortabat manejaba el negocio del cemento. Exxel compraba a destajo, Soldati invertía hasta en el Parque de la Costa y en un tren de lujo que llevaba hasta ese lugar. Sus apellidos eran signo de poder económico y político. Aún se los asocia al poder económico, pero perdieron protagonismo político.
Llegado el inicio de este siglo, la tradicional familia Perez Companc redireccionó su negocio y abandonó los servicios, las privatizadas y el mundo financiero para concentrarse en los alimentos y el campo con la compra de Molinos. Otro de los holdings que modificó sus operaciones, aunque no por ello perdió peso, fue el grupo Miguens Bemberg que vendió su participación en la cervecería Quilmes, pero adquirió activos en el sector energético con la compra de generadoras eléctricas.
El inicio de siglo y otro cambio de manos
Esa constelación de empresarios poderosos que entraban y salían de los despachos oficiales cuantas veces querían en los noventa fueron reemplazados por otros con la llegada del kirchnerismo al poder. En los primeros años de este siglo se hablaba del grupo Petersen, comandado por la familia Eskenazi que compró el 25% de la petrolera YPF, o de Electroingeniería, una empresa cordobesa cuyos dueños son Gerardo Ferreyra y Osvaldo Acosta que compraron, entre otras firmas, la transportadora eléctrica Transener. Claro que es necesario mencionar a Cristóbal López, dueño de varios casinos y hoteles, entre otras muchas empresas y medios. El paraíso de los especialistas en mercados regulados.
En paralelo, empezaban a tomar cuerpo otros grupos económicos poderosos como Pampa Energía -ex Pampa Holding- que dirige hasta hoy Marcelo Mindlin y que se quedó con Edenor, y en el mundo inmobiliario, IRSA, del empresario Eduardo Elsztain, fue la compañía que ganó protagonismo de la mano de compras de los principales shoppings del país, de miles de metros cuadrados de edificios de oficinas de lujo y del manejo del Banco Hipotecario.
Entrado el siglo XX, el mundo de los bancos tuvo fuertes cambios. Se dejó de escuchar el nombre del fallecido Gregorio Perez Companc, ex titular del Banco Río en los ‘90, y se empezó a nombrar al de Jorge Brito, dueño del Banco Macro, o a la familia Escasany. En el campo, Gustavo Grobocopatel, de Los Grobo y Avex, fue sinónimo del boom de los precios de la soja y fue el primero que se venía a la mente cuando de señalar un referente se trataba.
Hubo varios que supieron mantenerse y crecer durante estos años. Los grupos Eurnekian, Roggio y Cartellone (procesados en la causa Cuadernos), Coto y todos los laboratorios como Sigman, Bagó o Roemmers, por caso. Mastellone, de La Serenísima, terminó por vender cuando ya no estaba Pascual al mando y Enrique Pescarmona, de Impsa, perdió la compañía luego de enredarse en la causa Cuadernos y después de malas decisiones regionales con su apuesta a Venezuela y Brasil. Todos ellos cruzaron el mojón entre una década y otra con un protagonismo similar.
Como consecuencia del precio de las oleaginosas, y de la soja especialmente, crecieron algunas empresas. Además de Los Grobo, los Urquía, dueños de Aceitera General Deheza, y Emepa -un holding del empresario Gabriel Romero que maneja la hidrovía del río Paraná, por donde sale la mayor parte de la producción cerealera- ganaron mucho protagonismo en la constelación de empresarios influyentes.
En el medio de este panorama hubo algunos grupos que se posicionaron lejos de las desavenencias de la economía y la política y pasaron de ser grandes grupos locales a verdaderos jugadores globales. Techint, de la familia Rocca; Pan American Energy, de la familia Bulgheroni, y Arcor, de los Pagani, fueron ejemplos de la internacionalización exitosa de las empresas argentinas. Estuvieron entonces y están actualmente, mucho más grandes y robustos que entonces.
Hacia una nueva configuración
En estos últimos meses, los grupos argentinos acumulan carpetas. Les llegan propuestas de compra de decenas de activos que han decidido cambiar su modelo de gestión. En muchos casos, es la consecuencia de reformulaciones globales que tienen su eco en el país; en otras, la oportunidad de venta. Sucede que así como los países entregan ventanas de oportunidades para la entrada al país, pues también hay ventanas abiertas para salir. ¿Qué significa? Que este gobierno no penaliza políticamente a quien toma medidas como abandonar el país y vender la filial local. Además, con el avenimiento de Javier Milei a la Casa Rosada, los activos valen más que hace dos años. Quizá valgan menos que lo que costarán en dos años, pero ahora se cotiza mejor que en el pasado reciente.
Los movimientos de grupos son constantes y de los que se puede ver, hay un camino definido: los grupos locales han empezado a quedarse con activos de transnacionales. “Se empieza a ver, nuevamente, un proceso donde los empresarios locales compran empresas que son de multinacionales que han decidido, hace tiempo, dejar esta región. No quiere decir que dejen la Argentina, sino que deciden poner en venta operaciones de una región, América latina, por caso. Los grupos nacionales, además, tienen una característica: tienen negocios diversificados. Están más acostumbrados a la inestabilidad y entonces, están muchos sectores ante la posibilidad de que en alguno de los sectores tengan algún problema puedan compensar. Seguramente esta tendencia de nacionalización seguirá”, dice Gaggero.
El año pasado, la familia Rey, dueña de Pluspetrol, le ganó la pulseada a otros jugadores y se quedó con los activos en Vaca Muerta que hacía un tiempo había puesto en venta la estadounidense ExxonMobil a cambio de US$1700 millones. De hecho, concluida esta operación, se consolida un fenómeno: los principales jugadores del mundo de los hidrocarburos no convencionales son argentinos. Por caso, YPF, Pampa Energía, PAE, Vista Oil, Compañía General de Combustibles (Eurnekian), Tecpetrol y la mencionada Pluspetrol tienen mayoritariamente capital argentino.
Eso no es todo. Telecom -controlado por Cablevisión Holding, de los accionistas del Grupo Clarín, y Fintech, del empresario mexicano David Martínez- acaba de sellar la compra de Telefónica en el país por US$1250 millones y la planta de producción de Mercedes Benz ubicada en González Catán, donde se fabrica la camioneta Sprinter, dejó de estar en manos alemanas y fue comprada por el consorcio empresario local Open Cars, liderado por Pablo Peralta.
Ahora bien, quiénes son los empresarios que miran aquellas carpetas. Los que están más activos son Newsan (Cherñajovsky, que ya se quedó con la operación local de Procter & Gamble), Mirgor (de la familia Caputo), IRSA (Elsztain), Eurnekian, Pampa Energía, el grupo Fígoli (que entre otras empresas es dueña de radio Rivadavia), la familia Neuss y Vila-Manzano. Muchos de ellos se encontraron en las principales pujas, incluyendo Telefónica.
Por ahora, hay otros gigantes que se mantienen enfocados en su negocio. Las tecnológicas como Mercado Libre (Marcos Galperin) y Globant (Martín Migoya y Guibert Englebienne) mantienen su norte y cada inversión está enfocada al corazón del negocio. Todo podría cambiar si empiezan a mirar fronteras adentro.
Ese escenario de cambios y nuevos posicionamientos será el que mire de cerca la ola privatizadora de Milei. Por ahora está en pausa, pero si avanza, las carpetas se acumularán en estos escritorios empresarios que terminarán de configurar el nuevo mapa de poder económico.
El mundo cambia; la Argentina, también. Los tiempos pasan, las generaciones se acumulan y la vida toma otro formato. Tecnologías, costumbres y negocios mutan con velocidad de rayo. Compañías que no existían hace un par de décadas hoy dominan el mundo. Elon Musk, hoy también funcionario del gobierno de presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es el hombre más rico del mundo de acuerdo al ránking de la revista Forbes. Su compañía emblema, la fabricante de autos eléctricos Tesla, se creó en julio de 2003. Apenas 18 años después, su fundador y dueño, ya tenía la billetera más grande del planeta. Se trata, quizá, del ejemplo más extremo que se pueda encontrar, pero los cambios en la galaxia empresaria no sólo son producto de los adelantos tecnológicos y las nuevas empresas. De hecho, en la Argentina empezó a tomar forma un enorme movimiento en los grupos económicos más importantes. Desaparecerán algunos; otros, venderán y claro, habrá nuevos protagonistas de la mesa de los poderosos.
A riesgo de simplificar, se trata del tercer gran movimiento corporativo que se ha dado en los últimos 35 años, después de la consolidación de fuerzas y billeteras pasado el proceso de privatizaciones que llevó adelante el entonces presidente Carlos Menem en la década del noventa.
La ola privatizadora de las empresas públicas aún está en modo pausa
Años después, con la caída de la convertibilidad y la llegada del kirchnerismo al poder aquellos capitales perdieron ascendencia y surgió un nuevo grupo de hombres de negocios, impactados en muchos casos por los negocios que surgieron a raíz del “modelo productivo de acumulación de matriz diversificada e inclusión social”, de acuerdo a como definía Cristina Kirchner aquella política económica.
Con quienes disfrutaron de las mieles del “Estado presente” y los “expertos en mercados regulados”, florecieron otros empresarios que se internacionalizaron y cruzaron el mojón de cambio de siglo con una verdadera profesionalización de sus negocios. Mientras tanto, despuntaban los grupos tecnológicos en el país. En pocos años, sus billeteras sumaron ceros con la velocidad de los adelantos en el mundo digital
Por este tiempo, una nueva mutación empezó a tomar cuerpo. No se trata de un fenómeno que se dará de un día para el otro ni muchos menos. Pero los movimientos actuales dan cuenta de una nueva tendencia. Varios grupos empresarios consolidados empezaron a verse las caras en las principales pujas que se han dado por activos atractivos que han salido a la venta. Centrales termoeléctricas, el caso de Telefónica, la venta de la planta de Mercedes Benz, la compra de la operación local de Procter & Gamble y la operación para adquirir los activos en el país que la estadounidense ExxonMobil tenía en la Argentina junto con QatarEnergy (comprados por la firma argentina Pluspetrol) son algunos de los ejemplos más importantes que se pueden mencionar. Todos tienen un común denominador: los capitales extranjeros fueron reemplazados por argentinos.
Los inicios y la consolidación en los ‘90
Alejandro Gaggero, investigador del Conicet y especialista en estudios sobre las transformaciones de los grupos económicos nacionales, dice los primeros movimientos, con la consolidación de grupos argentinos se dio a fines de los 70 y principios de los 80. “En ese momento se fueron varias empresas transnacionales como General Motors, Fiat y Peugeot. Además, otras en el sector petroquímico. En esos contextos de inestabilidad, los locales vieron la oportunidad y se hicieron de activos importantes”, dice.
El álbum de los grupos económicos se consolidó en aquel momento con varios nombres de familias históricas que participaban de negocios en muchas ramas. Entre los más paradigmáticos, en aquel tiempo se escuchaba apellidos como Fortabat (Loma Negra), Macri (Sevel, con la fabricación de los autos para las marcas Peugeot y Fiat), Soldati (Comercial del Plata, el Parque y el Tren de la Costa) , Bunge & Born, Garovaglio & Zorraquín (petroquímica), Terrabusi (alimentos y consumo masivo), Antelo (Renault), Acevedo (Acindar), Roggio (constructoras), entre otras empresas) y el malogrado Alfredo Yabrán, de OCA. Todos ellos eran sinónimo de empresas diversificadas, con alguna rama en la industria; otra, en los servicios, y varias de ellas, con participación en las privatizaciones que caracterizaron esos días.
Gran parte de ese elenco sumó negocios con las ventas de empresas públicas. Por caso, el Grupo Macri fue parte del consorcio que tuvo la concesión de Autopistas del Sol y del Correo Argentino; Soldati ingresó en Aguas Argentinas (hoy AySA); Fortabat hizo lo propio en uno de los ramales del ferrocarril de carga y Roggio se quedó con el Urquiza y el subterráneo porteño, por citar algunos casos.
En medio de esos grupos familiares irrumpió una tromba corporativa: el grupo Exxel, comandado por un exejecutivo del Citibank, Juan Navarro. Fue una vorágine. En poco tiempo eran dueños de Casa Tía, Supermercado Norte y Musimundo; las empresas de medicina privadas TIM y Galeno Life; las textiles Lacoste y Paula Cahen D’Anvers, además de marcas como Havanna, OCA y Freddo, entre muchas otras más compañías.
Franco Macri (Peugeot y Fiat) y Manuel Antelo (Renault) fabricaban alrededor del 80% de los autos que se producían en el país. Fortabat manejaba el negocio del cemento. Exxel compraba a destajo, Soldati invertía hasta en el Parque de la Costa y en un tren de lujo que llevaba hasta ese lugar. Sus apellidos eran signo de poder económico y político. Aún se los asocia al poder económico, pero perdieron protagonismo político.
Llegado el inicio de este siglo, la tradicional familia Perez Companc redireccionó su negocio y abandonó los servicios, las privatizadas y el mundo financiero para concentrarse en los alimentos y el campo con la compra de Molinos. Otro de los holdings que modificó sus operaciones, aunque no por ello perdió peso, fue el grupo Miguens Bemberg que vendió su participación en la cervecería Quilmes, pero adquirió activos en el sector energético con la compra de generadoras eléctricas.
El inicio de siglo y otro cambio de manos
Esa constelación de empresarios poderosos que entraban y salían de los despachos oficiales cuantas veces querían en los noventa fueron reemplazados por otros con la llegada del kirchnerismo al poder. En los primeros años de este siglo se hablaba del grupo Petersen, comandado por la familia Eskenazi que compró el 25% de la petrolera YPF, o de Electroingeniería, una empresa cordobesa cuyos dueños son Gerardo Ferreyra y Osvaldo Acosta que compraron, entre otras firmas, la transportadora eléctrica Transener. Claro que es necesario mencionar a Cristóbal López, dueño de varios casinos y hoteles, entre otras muchas empresas y medios. El paraíso de los especialistas en mercados regulados.
En paralelo, empezaban a tomar cuerpo otros grupos económicos poderosos como Pampa Energía -ex Pampa Holding- que dirige hasta hoy Marcelo Mindlin y que se quedó con Edenor, y en el mundo inmobiliario, IRSA, del empresario Eduardo Elsztain, fue la compañía que ganó protagonismo de la mano de compras de los principales shoppings del país, de miles de metros cuadrados de edificios de oficinas de lujo y del manejo del Banco Hipotecario.
Entrado el siglo XX, el mundo de los bancos tuvo fuertes cambios. Se dejó de escuchar el nombre del fallecido Gregorio Perez Companc, ex titular del Banco Río en los ‘90, y se empezó a nombrar al de Jorge Brito, dueño del Banco Macro, o a la familia Escasany. En el campo, Gustavo Grobocopatel, de Los Grobo y Avex, fue sinónimo del boom de los precios de la soja y fue el primero que se venía a la mente cuando de señalar un referente se trataba.
Hubo varios que supieron mantenerse y crecer durante estos años. Los grupos Eurnekian, Roggio y Cartellone (procesados en la causa Cuadernos), Coto y todos los laboratorios como Sigman, Bagó o Roemmers, por caso. Mastellone, de La Serenísima, terminó por vender cuando ya no estaba Pascual al mando y Enrique Pescarmona, de Impsa, perdió la compañía luego de enredarse en la causa Cuadernos y después de malas decisiones regionales con su apuesta a Venezuela y Brasil. Todos ellos cruzaron el mojón entre una década y otra con un protagonismo similar.
Como consecuencia del precio de las oleaginosas, y de la soja especialmente, crecieron algunas empresas. Además de Los Grobo, los Urquía, dueños de Aceitera General Deheza, y Emepa -un holding del empresario Gabriel Romero que maneja la hidrovía del río Paraná, por donde sale la mayor parte de la producción cerealera- ganaron mucho protagonismo en la constelación de empresarios influyentes.
En el medio de este panorama hubo algunos grupos que se posicionaron lejos de las desavenencias de la economía y la política y pasaron de ser grandes grupos locales a verdaderos jugadores globales. Techint, de la familia Rocca; Pan American Energy, de la familia Bulgheroni, y Arcor, de los Pagani, fueron ejemplos de la internacionalización exitosa de las empresas argentinas. Estuvieron entonces y están actualmente, mucho más grandes y robustos que entonces.
Hacia una nueva configuración
En estos últimos meses, los grupos argentinos acumulan carpetas. Les llegan propuestas de compra de decenas de activos que han decidido cambiar su modelo de gestión. En muchos casos, es la consecuencia de reformulaciones globales que tienen su eco en el país; en otras, la oportunidad de venta. Sucede que así como los países entregan ventanas de oportunidades para la entrada al país, pues también hay ventanas abiertas para salir. ¿Qué significa? Que este gobierno no penaliza políticamente a quien toma medidas como abandonar el país y vender la filial local. Además, con el avenimiento de Javier Milei a la Casa Rosada, los activos valen más que hace dos años. Quizá valgan menos que lo que costarán en dos años, pero ahora se cotiza mejor que en el pasado reciente.
Los movimientos de grupos son constantes y de los que se puede ver, hay un camino definido: los grupos locales han empezado a quedarse con activos de transnacionales. “Se empieza a ver, nuevamente, un proceso donde los empresarios locales compran empresas que son de multinacionales que han decidido, hace tiempo, dejar esta región. No quiere decir que dejen la Argentina, sino que deciden poner en venta operaciones de una región, América latina, por caso. Los grupos nacionales, además, tienen una característica: tienen negocios diversificados. Están más acostumbrados a la inestabilidad y entonces, están muchos sectores ante la posibilidad de que en alguno de los sectores tengan algún problema puedan compensar. Seguramente esta tendencia de nacionalización seguirá”, dice Gaggero.
El año pasado, la familia Rey, dueña de Pluspetrol, le ganó la pulseada a otros jugadores y se quedó con los activos en Vaca Muerta que hacía un tiempo había puesto en venta la estadounidense ExxonMobil a cambio de US$1700 millones. De hecho, concluida esta operación, se consolida un fenómeno: los principales jugadores del mundo de los hidrocarburos no convencionales son argentinos. Por caso, YPF, Pampa Energía, PAE, Vista Oil, Compañía General de Combustibles (Eurnekian), Tecpetrol y la mencionada Pluspetrol tienen mayoritariamente capital argentino.
Eso no es todo. Telecom -controlado por Cablevisión Holding, de los accionistas del Grupo Clarín, y Fintech, del empresario mexicano David Martínez- acaba de sellar la compra de Telefónica en el país por US$1250 millones y la planta de producción de Mercedes Benz ubicada en González Catán, donde se fabrica la camioneta Sprinter, dejó de estar en manos alemanas y fue comprada por el consorcio empresario local Open Cars, liderado por Pablo Peralta.
Ahora bien, quiénes son los empresarios que miran aquellas carpetas. Los que están más activos son Newsan (Cherñajovsky, que ya se quedó con la operación local de Procter & Gamble), Mirgor (de la familia Caputo), IRSA (Elsztain), Eurnekian, Pampa Energía, el grupo Fígoli (que entre otras empresas es dueña de radio Rivadavia), la familia Neuss y Vila-Manzano. Muchos de ellos se encontraron en las principales pujas, incluyendo Telefónica.
Por ahora, hay otros gigantes que se mantienen enfocados en su negocio. Las tecnológicas como Mercado Libre (Marcos Galperin) y Globant (Martín Migoya y Guibert Englebienne) mantienen su norte y cada inversión está enfocada al corazón del negocio. Todo podría cambiar si empiezan a mirar fronteras adentro.
Ese escenario de cambios y nuevos posicionamientos será el que mire de cerca la ola privatizadora de Milei. Por ahora está en pausa, pero si avanza, las carpetas se acumularán en estos escritorios empresarios que terminarán de configurar el nuevo mapa de poder económico.
Después de los cambios que se vivieron en los ‘90 con la convertibilidad y en los 2000 con el kirchnerismo, el mapa empresario argentino ingresó en un nuevo proceso de renovación; los holdings que habían liderado la expansión en los últimos años, ahora pierden terreno frente a la irrupción de nuevos jugadores en rubros claves de la economía como el petróleo, las telecomunicaciones, el consumo masivo y la industria automotriz LA NACION